lunes, 19 de septiembre de 2011

Septiembre 2011: La fotografía

Hola de nuevo. La propuesta para este mes es utilizar una fotografía para escribir una historia, puedes leerla a continuación:

EL MISTERIO DE LAS FIGURAS ENVUELTAS EN TELA



Genaro y Martín cruzaban el parque, volviendo al trabajo después de haber comido.
—¿Lo has visto? —dijo Genaro, que se había parado de improviso.
—¿Perdona, qué decías? —Martín iba algo distraído.
—Aquello tapado con la tela. Encima de la balaustrada de ese edificio. Se acaba de mover.
—¡Bah! Habrá sido el viento allá arriba.
—Que no. Que ha sido como si se estremeciese.
—¡Venga ya! Eso deben ser figuras, parecen como unos jarrones grandes. No son más que elementos decorativos. ¿Cómo van a moverse?
—¿Y esas bolsas de tela que las cubren? ¿Para qué se las han puesto?
—Es fácil. Para protegerlas de la intemperie. Ya sabes: lluvia, viento, contaminación,…
—¡Claro! ¿Pero tú has visto eso en ningún otro sitio? Las estatuas y las figuras se muestran a la vista, no se esconden envueltas en unas bolsas de tela.
—Bueno, ¿y qué? ¿No querrás ponerte a investigarlo?
—Podríamos comprobar qué son realmente.
—¡Ya! ¿Y cómo?
—Entramos en el edificio y lo averiguamos.
—¿Tú te crees, Genaro, que el conserje nos dejará entrar así por que así? ¿Qué le decimos para que nos deje pasar?
—No lo sé, déjame pensar. ¡Mira! Ahí llega un grupo de gente y parece que van hacia la entrada. Vamos con ellos.
Junto a la entrada había un cartelón con la convocatoria de una conferencia. El grupo de gente se paró un momento, lo que aprovecharon Genaro y Martín para situarse junto a ellos. Enseguida salió un conserje que pidió al grupo que le siguiese.
Todos entraron en el edificio y subieron a la segunda planta. Antes de entrar en la sala de la conferencia, Genaro y Martín fueron al lavabo, situado en una esquina al fondo del vestíbulo de esa planta, haciendo tiempo para que se despejase.
Una vez seguros de que el grupo había entrado, pues ya no se oían voces, salieron y fueron hacia una escalera de servicio que había al lado y subía a la siguiente planta, donde estarían las golfas y se saldría al tejado, rodeado por la balaustrada en la que estaban las figuras envueltas.
Al llegar arriba, descubrieron que estaban en una pequeña sala que tanto podía ser un taller como un laboratorio, pues igual que había herramientas y un gran jarrón descansaba sobre una gruesa mesa de madera, también había frascos de cristal, con productos diversos, en una estantería y una mesa con instrumental de vidrio de laboratorio.
Estaban observando más de cerca el jarrón, cuando les sorprendió una voz a sus espaldas:
—¿Les puedo ayudar en algo, caballeros?
Se volvieron, algo sobresaltados. Un hombre, bastante viejo, que llevaba una bata blanca les miraba con detenimiento.
—Estábamos admirando este jarrón —respondió Genaro—. ¿Es uno de los que coronan la balaustrada exterior del edificio?
—Sí, lo estoy restaurando, pues ha sufrido algún deterioro. Cuando esté listo, lo repondré en su sitio de nuevo —explicó señalándolo, luego continuó con un tono más serio—. Ahora deberían irse, esta es una zona restringida.
—Gracias, perdone la intromisión, ya nos vamos —se disculpó Martín, mientras agarraba del brazo a Genaro, que aún quería seguir la conversación.
Bajaron hasta salir del edificio, el conserje les miró y pensó que se iban por que les debía aburrir la conferencia, así que no les dijo nada.
Ya fuera, se apartaron del edificio. Genaro volvió su mirada hacia arriba del edificio y la paseó de un lado a otro.
—Algo falla, aquel viejo no nos ha dicho la verdad.
—¿Quieres dejarlo ya, Genaro? Un poco más y llama a los de seguridad. Entonces si que tendríamos un problema.
—¿Te has fijado en que no hay ninguna plataforma libre en toda la balaustrada?
—¿Y qué? Tendrán algún jarrón de repuesto, ¿qué sé yo?
—No lo veo claro —decía ensimismado Genaro, incapaz de apartar la vista de aquellas figuras envueltas en tela.
—Es igual, ahora nos vamos para el trabajo, que seguro que nos están echando en falta —dijo Martín casi arrastrando a su compañero para alejarlo de allí.
Al finalizar la jornada de trabajo ya era tarde y anochecía. Las sombras daban un aspecto siniestro a las figuras envueltas de aquel edificio. La mente necesitaba muy poco para imaginar lo que fuese.
Genaro hizo tiempo para irse solo, de los últimos. Quería satisfacer su curiosidad y se acercó de nuevo al edificio. Volvió a pasear su mirada y notó que faltaba una de las figuras. Como era normal, a esa hora estaba cerrado. Comenzó a darle la vuelta y vio algo de movimiento cerca de una puerta lateral. Se apostó y desde allí vio como alguien sacaba un bulto, algo pesado pues lo arrastraba por el suelo, y luego lo echaba dentro de un contenedor, no sin cierta dificultad. Al girar para irse, Genaro reconoció al viejo con el que habían hablado.
Tras esperar un poco, se acercó a la puerta, comprobó que no estaba cerrada con llave, la abrió, entró y se encontró con una escalera que llevaba hacia arriba. Subió hasta el final y llegó hasta la misma salita donde habían estado antes. El jarrón seguía allí. Al fondo había una puerta, que parecía entreabierta. Genaro fue hasta allí, la abrió un poco, daba a una sala que estaba a oscuras. No vio a nadie y entró. Un momento después sintió un fuerte golpe en la cabeza, que le dejó inconsciente.
Cuando despertó, apenas se podía mover. Tardó en darse cuenta que estaba erguido. Intentó girarse, pero sus pies no pudieron obedecerle, estaba inmovilizado, pero no sabía cómo ni dónde.
Una voz sonó detrás suyo:
—Bienvenido. No, no hace falta que intentes girarte. Tampoco es que puedas hacerlo. Ahora ocupas el hueco que hace un rato estaba vacío.
Genaro intentó zafarse de donde estaba aprisionado, pero su cuerpo cada vez le respondía menos. Notó como se estaba paralizando por momentos y el terror se adueñó de su alma.
—Tú también estarás muy quieto —continuó aquella voz, cada vez más lejana, que le recordaba al viejo que había visto—, todo el tiempo, mientras me alimente de ti, hasta que estés totalmente seco. Entonces llegará el momento de estar aquí de nuevo, esperando que pase un curioso incauto por el parque y hacer un movimiento extraño para llamar su atención.
Después de las últimas palabras no hubo más que silencio. Genaro había perdido toda capacidad de movimiento. Ahora una nueva estatua viva ocupaba el lugar que había quedado vacío. La bolsa de tela mantendría la verdad oculta y también sería su mortaja.

************************



Gracias por leerme, hasta luego.


Selin






40 comentarios:

  1. Selin, extrañaba de disfrutar tus textos. Sólo que el thriller y el horror le hicieron una excelente compañía a este relato.

    Gracias por compartir un rinconcito más con nosotros.

    Saludos Karuna ^^

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  2. Que buen texto, pobre chico, la que le tocó por ser tan curioso!!
    Me atrapó!!

    Un gusto leerte!!

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  3. Debo admitir que al principio me pareció un poco lenta la historia pero a medida que avanzaba me iba interesando cada vez más lo que iba a suceder jajajaja y que final tan grandioso, me ha encantado.

    Nuevamente la curiosidad mató al gato, en este caso a Genaro jajaja.

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  4. Muy bueno, Selin, como ya es habitual :-)

    Me gustó el halo de misterio y las interrogantes que dejas planteadas. Mejor no prestarle mucha atención a las estatuas, ¿no?

    Por cierto, me parece que acá se te desapareció una "s": "Notó como se estaba paralizando por momento". Fíjate si no quedó debajo de alguna tela blanca ;-)

    Besos!

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  5. la curiosidad mató al gato ^^. Está muy chulo

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  6. Me has sumergido completamente en la narración. Qué misterioso. De momento, los dos relatos tuyos que he leído me han sorprendido gratamente. Espero leerte pronto.

    ¡Cuídate, Selin!

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  7. Lo que puede pasar por ser tan curioso.. pobre del chico. Me encanto tu relato
    Besos :)

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  8. Ufff... Hay que tener cuidado con curiosear donde no se debe, jaja... Qué mal le fue al pobre Genaro! Saludos.

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  9. Selin, puedes estar seguro de que después de leer tu relato tengo decidido que cada vez que pase por la sede de la Junta de Andalucía aquí en Sevilla, no pienso levantar la vista para contemplar las estatuas, no vaya a ver algo raro y sea yo la próxima!! jajaja
    Muy bueno, si señor, estupendo relato.
    Un placer leerte. Un abrazo.

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  10. Como a mi me gustan: misterio, intriga y miedito que siempre viene bien:D

    genial, Selin, otro mes compartiendo con grandes un proyecto:D

    Kissesss

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  11. Que gran imaginación tienes, me encantó el relato, quedó genial. Felicidades.

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  12. Relato fantastico muy bueno!!! q suspenso hasta el final!! gracias!!! felicidades!

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  13. Ohhhh no había llegado a leer este relato!! O.O
    Menos mal que volví a revisar porque me hubiera perdido un relato estupendo!!
    Felicidades tienes mucha imaginación y escribes estupendamente!

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  14. Muy bien correlacionado el relato con la imagen (tremenda imaginación :-) )... la verdad que sí que dan yuyu. Si ya de por sí se me ocurrían cosas raras ante "estatuas" como las de la imagen y ante objetos inanimados tapados con sábanas... ahora ya va a ser tremendo! y tú el culpable! :P

    Un beso

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  15. Gracias, Karuna, intentaré estar a la altura.

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  16. Gracias, Patricia, pero no te dejes atrapar demasiado. ;-)

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  17. Gracias, Edain, tomo nota para una revisión.

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  18. Gracias, Maga. Sí, he recuperado esa s que faltaba del rincón donde había caído. :-)

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  19. Gracias, Déborah, sí, al gato y...

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  20. Gracias, Esther, intentaré cumplir con tus expectativas.

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  21. Gracias, Kate, ya ves que es fácil llevarse una sorpresa.

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  22. Gracias, Dolly, pues sí, hay sitios peligrosos.

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  23. Gracias, Ro, aunque veas algún movimiento extraño, mientras no te acerques demasiado...

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  24. Gracias, Karol, eres un ejemplo a seguir.

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  25. Gracias, JJ, intento que salga bien.

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  26. Ahora cada vez que vea una estatua me lo pensaré muy mucho.

    Me has enganchado hasta el final.

    Un abrazo
    RGloria

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  27. Gracias, Kristen, hay muchas historias y cuesta llegar a todas.

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  28. Gracias, Lur, la imagen es muy sugerente, sobre todo cuando la ves poco antes de que amanezca.

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  29. Gracias, RGloria, pues sí, no estará de más por si acaso...

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  30. Ay que yuyu...me encanta, gracias por compartir¡¡¡
    Marga Ribera

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  31. Sylvieta, Syl o simplemente... Sylvia23 de octubre de 2011, 18:54

    ufffff... Gracias Selín, un buen relato que me ha dejado un nudo en el cuerpo y aún dura mientras escribo! Al final me ha engancho tanto y ahora... Menos mal que no tengo estatuas cerca ;)

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  32. Con cada relato te superas. Si no me equivoco es un edificio de Montjuïc, verdad?
    Marta Muga

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  33. Hola VECINO , me gustó , la curiosidad mató al GATO ¿nó?

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  34. Gracias, Marga, de eso se trata. :-)

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  35. Gracias, Sylvia, bueno, eso de las estatuas, depende de donde vayas tal vez veas alguna...

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  36. Gracias, Marta, supongo que ese aspecto del estilo modernista está bastante extendido por Barcelona. En este caso se trata del Pabellón Rosa en los Jardines de la Maternitat.

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  37. Pues sí, vecino, depende donde te metas, corres peligro. ;-)

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  38. Jamás me hubiera imaginado que de algo tan normal como la restauración de unas figuras dieran para un relato tan original.
    Me ha gustado, tienes mucha riqueza intelectual.

    Montse Serra

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  39. Gracias, Montse. Claro que la restauración ya hace tiempo que está pendiente y ver esas figuras envueltas cada amanecida es muy sugerente para la imaginación.

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